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Homilía de S.E. Mons. Claudio Gatti del 26 abril 2009

III Domingo de Pascua

I Lectura: Hch 3,13-15,17-19; Salmo 4; II Lectura: 1Jn 2,1-5; Evangelio: Lc 24,35-48

Os he dicho siempre, y hoy hemos tenido una ulterior confirmación, que a los que el Señor les da luz y comprensión sobre Sus palabras, saben que los fragmentos de la escritura propuestos para las fiestas, para los días laborables, pero sobre todo para los domingos, tienen una concatenación cronológica y lógica que no respeta la disposición a medida que son proclamados.

Sin embargo, dentro de la liturgia basta cambiar el orden de los fragmentos sugeridos para que salga una homilía clara, importante y fértil. ¿Cómo tenemos que colocar los fragmentos de hoy para entender lo que el Señor quiere hacernos comprender? Primero es el fragmento del Evangelio, en el que se narra la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo. Sigue la lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles, en la que se explica el anuncio, a través de la predicación, de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Cristo. Finalmente el tercer fragmento, tomado de la lectura de Juan: aquí se encuentra la respuesta y las consecuencias de los acontecimientos descritos antes, que consisten en conocer a Dios. Después ya veremos lo que significa conocer a Dios, pero vayamos por orden.

Volvamos al cenáculo. Es la tarde del domingo, los discípulos de Emaús han venido y han contado lo que había sucedido, y los apóstoles tienen el mismo comportamiento, aunque motivado por diferentes causas. En primer lugar, no creen - y Lucas lo recalca - porque tienen miedo y están asombrados, e incluso después de que Jesús se les ha aparecido continúan sin creer por la gran alegría. Por tanto la conclusión es que la fe es un don de Dios. Hoy, al inicio de la Misa, yo he dicho, y vosotros habéis leído, que la fe por parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo es un don, pero cuidado, recordad todo lo que ha dicho Pablo y que ha sido comentado en los encuentros bíblicos. Muchos de vosotros no han comprendido todavía la importancia de participar en los encuentros bíblicos; los que no participan creen que conocen y saben, sin embargo yo tengo que deciros que no conocéis ni sabéis. Lo que se dice en los encuentros bíblicos es extremadamente importante para comprender la Escritura y en el futuro os arrepentiréis amargamente de no haber participado.

Sigamos adelante. Jesús pacientemente, para hacer creer a sus discípulos, recurre a la experiencia. Ellos le han visto en la cruz y cuando ha sido puesto en el sepulcro con los signos de la pasión todavía visibles y frescos. Jesús dice: "Mirad mis manos y mis pies: soy yo" pero ellos no creen y además piensas que es un fantasma. Entonces, pacientemente, Jesús pide algo de comer, por conocimiento común, los fantasmas no comen. En los últimos versículos del fragmento, está concentrada la importancia de la misión que Jesús confía a los apóstoles. Para comprender también esto se necesita al espíritu y Lucas dice que Jesús les ha abierto sus mentes para comprender la Escritura. Durante su vida Jesús lo había dicho muchas veces, pero los apóstoles no habían comprendido; ellos habían leído también en los profetas que el mesías tenía que sufrir, ser crucificado y resucitar, pero no lo habían comprendido. Por esto Jesús les manda la luz necesaria para la comprensión de lo que Él había dicho durante los años de la vida pública y de lo que habían predicho los profetas, revelando la misión: predicar a todos los pueblos la conversión y el perdón de los pecados.

Ahora pasemos al segundo fragmento, los Hechos, que para comprenderlo os doy otra sugerencia. Vosotros estáis habituados a leer los fragmentos de la Escritura propuestos sin tener ninguna referencia, sin embargo, para comprender, sería importante conocer lo que le precede. Esto es dificultoso, pero lo podéis hacer: os procuráis el calendario litúrgico que enumera los fragmentos que serán leídos durante la Misa y leed lo que está escrito anteriormente. En este caso el discurso de Pedro tiene que ser colocado en la dimensión histórico-social en la que ha ocurrido. Mientras ha existido, el templo ha sido el lugar de oración por excelencia, por lo tanto en el templo, donde había ido con Juan para rezar, Pedro hace su segundo discurso. Cuando Pedro encuentra al tullido que pide limosna, le dice la famosa frase: "No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, ¡camina!" (Hch 3, 6). El hecho ocurrió en presencia de todos y ha ocasionado el entusiasmo de la gente, por lo que Pedro ha aprovechado este momento ante todo para atribuir a Cristo el milagro y después para poner en práctica la orden de Cristo que consistía en predicar. Pedro no fue tierno en absoluto, de hecho a pesar de que tuviese la atención y la simpatía por parte de los hebreos, no les ha ahorrado ninguna observación y ningún reproche, aunque al final lo ha dulcificado y veremos en qué modo. Él dice: Vosotros lo habéis crucificado y hecho sufrir; además habéis obtenido de Pilato, que quería liberar a Cristo, su condenación y la liberación de un asesino, de un delincuente: Barrabás. Y ya que habla a los hebreos, Pedro utiliza también términos que son conocidos por ellos como las afirmaciones mesiánicas, referidas exclusivamente o peculiarmente a Cristo. Habla de Jesús presentándolo como el siervo, y aquí la escritura ayuda claramente: el siervo de Yahveh. Isaías ha escrito fragmentos largos y maravillosos sobre los sufrimientos del siervo de Yahveh. También las otras expresiones que pronuncia, "el santo" y "el justo", y quizás en lugar del justo se podría poner "el inocente", son expresiones típicamente mesiánicas. Pedro, por tanto, hablando es consciente de que los que le escuchan, los hebreos, miembros de su mismo pueblo y de su misma religión, al menos hasta el momento de la venida de Cristo, saben perfectamente que está hablando del Mesías. Pedro utiliza una expresión dura y fuerte: "Habéis matado al autor de la vida, pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos y de esto nosotros somos testigos". Tal testimonio, como sabéis, no será creído por los hebreos y por desgracia ni siquiera por muchos otros pueblos y además tampoco por personas inicialmente cristianas que después lo han rechazado.

En este punto se da la motivación para comprender cómo Aquél que era esperad, ha sido tratado muy mal, hasta el punto de ser muerto: la ignorancia. Pedro utiliza un hermoso paralelo: dice a los hebreos que han actuado por ignorancia y recuerda las palabras de Jesús en la cruz: "No saben lo que hacen", por tanto encuentra la misma excusa de Jesús. ¿Veis como Pedro ha absorbido la predicación a pesar de que tuvo su momento de debilidad? Comparad los últimos versículos del fragmento del Evangelio, en el que se dice que los pecados serán perdonados y se hace la invitación a la conversión. Pedro repite las mismas cosas: convertíos, cambiad de vida para que sean borrados vuestros pecados y seáis absolutamente fieles a las enseñanzas y a la predicación de Cristo.

Se ha hablado de los pecados tanto en el primer fragmento como en el segundo y ahora en el tercer fragmento de Juan dice: "Os escribo estas cosas para que no pequéis". ¿Veis como insiste en la necesidad de evitar los pecados? Si alguno, por debilidad o fragilidad, pecara no se tiene que desanimar, porque el abogado defensor ante Dios es Jesús, que no lleva a cabo su papel de defensa como los abogados comunes, usando las palabras, sino con los hechos. Jesús es el abogado que nos defiendo ante el Padre a través de los méritos infinitos adquiridos de Su sufrimiento durante la pasión. Vuelve siempre el tema de la pasión.

En el fragmento está escrito otra importantísima expresión: conocer. Después de dos mil años repetimos una vez más que el que conoce la predicación conoce a Dios, pero no es suficiente: conoce a Dios el que acepta Su voluntad, Sus enseñanzas y la ley de Cristo; y la ley de Cristo es la ley del amor, por tanto el que ama conoce a Dios. Así se desarrolla el tema de que Dios es amor y nosotros tenemos, hacia Él, la relación de hijos y Él hacia nosotros el de paternidad. También Juan, el manso, tierno, dulce, el confidente que ha reclinado su cabeza en el hombro de Jesús, hasta los últimos momentos de su vida, predicaba con dulzura llamando a sus oyentes "hijitos"; él ha recibido esta expresión de la Virgen, que se dirige a nosotros llamándonos de este modo. Los apóstoles iban a verla al regreso de las misiones para contrastar sus puntos de vista y la Virgen, dirigiéndose a ellos, los llamaba "hijitos míos". Tal como la Virgen ha llamado a los apóstoles, también nos llama a nosotros, demostrando el mismo amor que ha tenido hacia ellos. Juan ha acumulado en sí esta experiencia y a su vez ha utilizado la misma expresión.

Hay que resaltar otra afirmación. Juan dice que es mentiroso el que afirma que conoce a Dios y no observa Sus mandamientos, de hecho no se puede decir que se conoce a Dios si no se respetan Sus mandamientos. ¿Por qué hoy no se predica este concepto? ¿Os dais cuenta cuántas grandes novedades son predicadas en este pequeño ambiente? ¿Habéis oído alguna vez en otros lugares la afirmación de quien dice que conoce a Dios y no observa su ley es un mentiroso? Y sin embargo está en la Escritura. Los sacerdotes piensan que lo resuelven todo solamente a través del anuncio, sin embargo hay que pasar del anuncio a su aplicación, hace falta tratar de convencer a las personas a que hagan la voluntad de Dios. Cuando Dios repite continuamente que se haga Su voluntad o cuando Jesús dice en el Padre Nuestro "Hágase Tu voluntad", nos está diciendo que este es el modo de demostrar que creemos en Dios. Hasta que no hagamos la voluntad de Dios, podemos ser grandes teólogos, grandes eruditos, pero no Lo conocemos.

A este punto ¿qué queréis que añada, si no felicitar a los dos que están allá en el fondo (el Obispo se refiere a dos jóvenes de la comunidad que habían pronunciado su compromiso a Dios en preparación al matrimonio celebrado al mes siguiente) y unirme a cuanto ha dicho hoy la Virgen? A vosotros la homilía la ha pronunciado ella y yo no haría otra cosa que repetirme de mala manera. Es sólo una invitación: vosotros que estáis a punto de llegar al matrimonio, vosotros que ya habéis llegado, más verdes o más maduros, continuad poniéndolo en práctica de manera tal que efectivamente podías decir que conocéis a Dios y continuad esforzándoos, en el ámbito matrimonial, haciendo Su voluntad.

Tengo que añadir, reconociendo también mis debilidades, que tenemos que hacer Su voluntad incluso cuando nos sorprende, nos confunde y puede llegar, utilizando la expresión desde el punto de vista humano, a escandalizarnos. Cuando nosotros no Lo comprendemos y nos ponemos bajo una óptica diferente de la Suya, podemos sentir escándalo de lo que Él dice. Os lo puedo asegurar reflexionando en mi experiencia que puede encerrarse en esta expresión que Dios me ha dicho hace pocos días, hablando de algo que no había aceptado: "Tu tienes razón, Yo no me he equivocado."